Cuál es la importancia de la lactancia materna en el desarrollo de los niños

Nutre, ayuda a elevar las defensas y fortalece el vínculo entre la madre y el bebé. Con una participación de un invitado muy especial, un repaso por los aspectos más importantes de la lactancia materna.

Hoy les quiero hablar de lactancia materna. Este es Emilio, nuestro hijo. Emilio ya está con alimentación… tiene 8 meses y está ya con alimentación complementaria, tuvo teta hasta los 6 meses y después empezamos con palta, con manzana, con zapallo, con un poco de papa. Ahora está por empezar con carne. Todo bien pisadito. Y tenemos la suerte que todo lo que le ofrecemos, hasta ahora por lo menos, lo va comiendo.

La lactancia materna, yo he hablado muchísimas veces de la importancia que tiene como nutrición, como defensa, como el amor entre el bebé y su mamá, pero nunca lo había visto tan de cerca. Hace muchos años seguramente lo vi cuando nacieron mis hijos, pero ahora vi como sólo con teta se pudo desarrollar con un peso perfecto, altura bien, está por suerte todo bien. Le han dado las vacunas, tiene todos los otros cuidados que su pediatra le va a decir. Pero, yo lo que quería era destacar, compartir una experiencia.

Emilio no está probando nada ni con sal, ni con azúcar. Lo ideal sería que no pruebe nada con sal y con azúcar hasta los 2 años, que es cuando termina de formarse el cerebro y ya está acostumbrado a querer más de una cosa o de la otra. Después, si como algo con azúcar y con sal le va a gustar, pero ya no lo va a necesitar como si lo estuviera tomando desde ahora.

Así que yo sé que muchas mujeres no pueden dar teta, por alguna razón, a veces de orden práctico, o por lo que sea. Y, en ese caso, uno recurre a lo que le dice el pediatra. Lo ideal es enemigo de lo bueno. Pero, si se puede, dele teta porque puede llegar a tener el mejor chico que usted puede producir, que usted puede ayudar a armar. Porque uno lo va armando al chico, ¿no? Con cariño, con amor, con cuidados y la lactancia materna que es algo tan importante.

Bonus track: consejos para una alimentación balanceada

Las células del sistema inmunológico aumentan su actividad cuando reciben los nutrientes apropiados, que ingresan al organismo a través de la alimentación. De ese modo, está en condiciones de levantar barreras y protegerse más contra las enfermedades, en especial, resfríos, gripe y otras infecciones.

Por eso, en invierno es importante poner más atención en hacer una alimentación saludable y variada, rica en frutas y verduras, con las dosis adecuadas de ejercicio físico y reposo. También es clave hacer por lo menos cuatro comidas diarias, en especial el desayuno, y mantener a raya el estrés, gran debilitador del sistema inmunológico.

Seis son los grupos de nutrientes que ayudan al cuerpo a controlar las agresiones de bacterias, virus y parásitos: las vitaminas (A, E, C y D), los minerales (zinc, cobre, hierro, magnesio y selenio), los ácidos grasos (omega 3), las calorías necesarias según la edad, la actividad física y la contextura, y las proteínas de alta calidad, como las que aportan la carne, la leche, la soja, el queso y algunas combinaciones de alimentos, como un cereal con una legumbre.

– Vitamina A. Se encuentra en forma directa en la leche, la manteca, el queso, el huevo, el hígado y los pescados grasos. Otro modo de obtenerla es a través de los betacarotenos, también denominados provitamina A, sustancias que en el organismo pueden convertirse en vitamina A (frutas y hortalizas de color amarillo, naranja, rojo. Además se suma en las verduras aquellas de tonalidad verde)

– Vitamina C. Se halla en altas concentraciones en frutas cítricas, tropicales, tomate, ají, y crucíferas, entre otros. Conviene ingerir estos vegetales en cantidades generosas para asegurar la cobertura del requerimiento diario y evitar los catarros tan típicos de estas épocas. Para ayudar a la economía se puede elegir los vegetales de estación. Se recomienda comer por lo menos tres frutas al día, una de ellas, cítrica.

– Vitamina E. Mejora el sistema de defensa por su poder antioxidante. Se encuentra en aceites de germen de trigo, soja, girasol, maíz y oliva, preferentemente prensados en crudo y sin cocinar, para evitar que la extracción a altas temperaturas y la cocción destruya parte de la vitamina E. También se presenta en germen de trigo, semillas y frutas secas, en especial, almendras.

– Vitamina D. Se encuentra en aceites de hígado de pescado, pescados grasos, lácteos enteros o descremados fortificados con vitamina D, yema de huevo y vísceras. La exposición a la luz solar aporta aproximadamente el 90% de la vitamina D necesaria.

– Ácidos grasos esenciales omega 3. Están en los pescados grasos de mar, nueces, aceite de soja y de canola, y semillas de lino y de chía. Los proveen, además, los alimentos fortificados con omega 3 (leche y huevos). Conviene almacenar el aceite en lugar oscuro para evitar la oxidación de las grasas.

– Zinc. Se halla en huevos, cereales integrales, germen de trigo, levadura de cerveza, mariscos, pescados, carnes rojas y de ave, hígado y frutas secas.

– Selenio. Las mejores fuentes alimentarias son los pescados y mariscos, carnes rojas y de ave, cereales integrales, ajo, germen de trigo y levadura de cerveza.

– Cobre. Micromineral que interviene en el sistema inmunológico. Se obtiene del hígado, riñón, mariscos, legumbres, nueces, semillas, salvado de trigo, cereales integrales, productos con cacao y pasas de uvas.

– Magnesio. Mineral importante para el funcionamiento de los sistemas nervioso y muscular, participa en la producción y transporte de energía y refuerza el sistema de defensas del cuerpo. Sus fuentes son hortalizas de hoja verde intenso, frutas secas y semillas, cereales integrales, salvado, germen de trigo, legumbres.

– Hierro. El hierro que proveen los alimentos se clasifica en: hémico (en el hígado, el riñón y las carnes rojas; también en frutos de mar, pollo y pescado), no hémico (en legumbres, hortalizas de hoja color verde intenso, cereales integrales, frutas secas y deshidratadas, y del huevo). Para facilitar su absorción se debe combinar estos alimentos con otros que contengan vitamina C (frutas cítricas, frutilla, kiwi, brócoli, ají), preferentemente crudos, o con carne.

– Compuestos azufrados. Fitoquímicos presentes en ajo, cebolla, puerro y crucíferas. Contribuyen a mantener saludable la función inmune y podrían ayudar a reforzar la detoxificación de compuestos no deseados para el organismo.

– Probióticos. Son microorganismos vivos (bifidobacterias y lactobacilos) que generan anticuerpos en el intestino y mejoran el estado inmunológico del sistema digestivo, la mucosa de los bronquios y las glándulas mamarias. Se ingieren en productos lácteos fermentados como los yogures.

– Prebióticos. Son fibras vegetales especializadas, actúan como fertilizantes que estimulan el crecimiento de bacterias sanas en el intestino. Se encuentran en el trigo, el ajo, la cebolla, los espárragos, el puerro y la remolacha.

*El doctor Alberto Cormillot es un reconocido médico argentino especialista en obesidad, educador para la salud, escritor y conferencista. Fundó y dirige la Clínica de Nutrición y Salud que lleva su nombre, Dieta Club, la Fundación ALCO (Anónimos Luchadores Contra la Obesidad) y el Instituto Argentino de Nutrición, desde donde asesora a industrias para la elaboración de productos dietéticos y saludables.

 

 

Fuente: www.infobae.com

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