La integrante del Grupo de Teatro Avellaneda repasó los orígenes de la institución, recordó los primeros pasos sobre el escenario y reconstruyó la historia del Festival de Teatro del Norte Santafesino, que celebra 35 ediciones. Además, destacó el esfuerzo colectivo que permitió recuperar y equipar el Teatro Máximo Vicentin.
La historia del Grupo de Teatro Avellaneda está marcada por la pasión, el compromiso y el trabajo sostenido de varias generaciones. Ana Rosa Paduan, integrante y una de las protagonistas de ese recorrido, recordó los inicios de la institución y el camino que llevó a consolidar uno de los encuentros culturales más importantes de la región: el Festival de Teatro del Norte Santafesino.
El grupo tuvo su primera reunión el 8 de septiembre de 1978, cuando sus integrantes fueron convocados para comenzar a trabajar en una propuesta teatral. Apenas tres meses después, el 8 de diciembre de ese mismo año, estrenaron Prohibido suicidarse en primavera, del dramaturgo español Alejandro Casona, una obra de dos horas y media de duración.
“Nos reunimos por primera para armar un grupo de teatro. Tomamos directamente el libreto y ahí empezamos a leer”, recordó Paduan al evocar aquellos primeros pasos, que marcaron el comienzo de una trayectoria que lleva 48 años.
De los primeros ensayos al nacimiento del festival
Aunque el grupo comenzó su actividad en 1978, el festival llegó varios años después. Paduan explicó que la iniciativa surgió de Mario Cracoña, también uno de los fundadores del elenco, quien propuso generar un espacio de encuentro para impulsar la actividad teatral en Avellaneda y convocar a otros grupos.
“Un día me dice: ‘Ana Rosa, tenemos que armar un festival y crear una movida teatral, porque acá éramos nosotros los únicos’”, relató.
Así comenzó a gestarse una propuesta que con el tiempo se consolidó como una referencia cultural para Avellaneda y el norte santafesino. Actualmente, el festival alcanza su 35.ª edición, mientras que el Grupo de Teatro Avellaneda continúa sosteniendo su actividad y su compromiso con la cultura local.
La historia del Teatro Máximo Vicentin
Durante la entrevista, Paduan también reconstruyó parte de la historia del espacio donde el grupo desarrolla sus presentaciones y que hoy es escenario de los festivales teatrales. Según recordó, el edificio atravesó un período de abandono y estuvo cerca de convertirse en un supermercado. Sin embargo, la intervención de doña Italina Vicentín fue determinante para preservar su función cultural.
“Ella vivía ahí y hay una conexión del teatro con el patio de la casa de ella. En ese tiempo tenía los nietos chiquititos y era quien tenía que llevarlos al cine a Reconquista. Entonces dijo: ‘No, un supermercado no, que siga el cine en Avellaneda’”, contó.
Posteriormente, Italina Vicentín compró el cine, que recibió el nombre de Máximo Vicentin. No obstante, el inmueble permaneció durante mucho tiempo sin actividad y necesitó del esfuerzo de distintas instituciones para recuperar su funcionamiento.
Uno de los momentos importantes en ese proceso fue la llegada del Festival Internacional de Música Friulana, que convocaba a artistas italianos con propuestas de danzas y coros. Para recibirlos, comenzaron las tareas de limpieza y acondicionamiento del lugar, además de la incorporación de sillas y otros elementos necesarios para las presentaciones.
Con el paso del tiempo, el espacio fue recuperando su actividad y mejorando sus instalaciones. La adquisición de butacas provenientes de cines que cerraban sus puertas permitió avanzar en el acondicionamiento de la sala.
El esfuerzo del grupo para equipar la sala
Paduan destacó especialmente el trabajo realizado por los integrantes del Grupo de Teatro Avellaneda para dotar al escenario de las condiciones necesarias para las funciones.
Hace 35 años comenzaron a trabajar en la preparación del telón y en el acondicionamiento del espacio escénico. En una primera etapa, los integrantes de la colectividad friulana habían colocado telas para cubrir sectores deteriorados del escenario. Luego, el grupo teatral continuó con las mejoras y la incorporación de equipamiento. “Todo lo que hay acá adentro, las telas negras, la iluminación, el sonido, todo es del Grupo de Teatro”, afirmó.
En ese sentido, remarcó que cada recurso conseguido fue destinado a fortalecer la infraestructura del teatro y garantizar mejores condiciones para las presentaciones. “Peso que conseguimos, peso que invertimos en iluminación y sonido”, expresó, al sintetizar una forma de trabajo basada en la reinversión de los recursos y el compromiso colectivo.
La historia que compartió Ana Rosa Paduan permite comprender que detrás de cada edición del festival existe mucho más que una programación de obras: hay décadas de dedicación, una sala recuperada gracias al esfuerzo de distintas personas e instituciones y un grupo que convirtió al teatro en una parte fundamental de la identidad cultural de Avellaneda.
Con 48 años de trayectoria y 35 ediciones del festival, el Grupo de Teatro Avellaneda continúa apostando a la actividad teatral y a la preservación de un espacio que forma parte de la memoria cultural de la comunidad.
Fuente: RegiónNet.







